—¡De Enrique!

Rasgó el sobre con gesto febril, y leyó:

«Ven á mi casa, te lo ruego. Necesito verte hoy mismo.»

Y firmaba: «E. D.»

Alicia pareció reflexionar. Luego miró á su amiga.

—¿Tú entiendes esto?... Es de Enrique Darlés... ¿Te acuerdas?... Un muchacho, amigo de Manolo...

Y, dirigiéndose á Teodora:

—¿Quién trajo esta carta?

—Una vieja.

—¿Qué facha tenía?