Alicia Pardo miró ufanamente á Candelas, como invitándola á fijarse bien en su hazaña y poniendo en su ademán aquella petulancia con que se exhibe una obra de arte. Acababa de obtener un gran triunfo, porque únicamente por las mujeres capaces de inspirar pasiones locas se atreven los hombres á tanto. Después adelantó la cabeza para ver de más cerca las ropas del estudiante, y al encontrarlas tintas en sangre, experimentó un nuevo acceso de asco. El contraste del aire cálido y nauseabundo de aquella habitación, largo tiempo cerrada, con el ambiente saludable de la calle, era demasiado brusco.
—¿Abro la ventana?—dijo.
—No... no—murmuró Enrique—; estoy muy débil; el frío me mataría.
Alicia, sentada sobre el lecho, aquel pobre lecho que su cuerpo una noche perfumó á violetas, le observaba en silencio. Un ancho sombrero carmesí, adornado por una magnífica amazona blanca, cubría su semblante pálido, donde los ojos verdes brillaban lascivos en el gran nimbo cárdeno de las ojeras; y la gracia libertina de los ademanes, la brevedad pueril del talle, el entono robusto de las caderas y del seno, y aquel desasosiego con que los piececitos impacientes y bailarines herían el suelo cual si deseasen escapar, contrastaban fuertemente con la fealdad del aposento desamueblado, oliendo á agonía.
Candelas parecía conmovida. Pero Alicia se ahogaba; una sensación terrible de asco iba dominándola. Repetidas veces llevóse á su nariz gozadora, bañada aquella tarde en la brisa suelta y oxigenada del Hipódromo, su pañuelo de encajes. El invasor malestar se sobreponía á su aflicción. No podía llorar. Además, ¿para qué?... Y con tal de escapar pronto de allí, no la hubiese importado que Enrique viviese algunas horas menos. En su ingratitud, Alicia Pardo llegó á maravillarse de que hubiese mujeres amantes capaces de besar un cadáver...
De súbito, deseosa de concluir, preguntó:
—Pero... ¿cómo te hirieron?
Nuevamente Enrique abrió los ojos, luego los labios.
—Vas á saberlo.
A pesar de la enorme hemorragia que había sufrido, aún le restaban algunas fuerzas, las últimas, y pudo hablar.