—Usted dirá.

—No me atrevo.

—¿Cómo?

—¿Y si se enfada usted?

—O no...

—¿Me lo promete usted?

—Palabra de honor; usted, diga lo que quiera, no puede molestarme.

—¿Y eso?

—Yo me entiendo.

—¡Ah, vamos!... Porque no me hace usted caso; ¿eh?... Me tiene usted en poco...