—Sí, sí...
—De que hemos sido amigos.
—Probablemente...
Continuaron mirándose, atados al mismo pensamiento.
—¿Usted ha vivido en Madrid?
—Sí; diez ó doce años.
—¿Dónde?
—Cerca de la Estación del Norte, donde estaba empleado.
—Pues no diga usted más—exclamó Zureda—, porque yo he pertenecido también á esa Compañía. Era maquinista...
—¿En qué línea?