—Pasado un ratito me aplicaré una inyección de morfina; de otro modo no podría dormir.
Villarroya escuchaba haciendo gestos de disgusto y conmiseración.
—¿Por lo visto, no has experimentado mejoría ninguna?
—No.
—¡Voto á...!
Se detuvo, rascándose la barba nerviosamente.
—Y estas contrariedades ocurren—prosiguió—cuando más hay que hacer y más tranquilidad de espíritu necesito.
—¿Tienes algún asunto pendiente?
—¡Figúrate!... Venía á decirte que mañana, probablemente, no dormiré aquí... ni aquí ni en ninguna parte...
—¿Cómo?