—¿Hacia dónde quiere usted ir?—preguntó la joven.
—Me es igual—repuso Thom cortésmente—; dirija usted.
—No... porque no querría turbar el plan que se hubiese usted trazado para esta noche. ¿Usted no ha cenado todavía?
—No, señora.
—¿Quiere usted cenar conmigo?
El jockey iba á responder afirmativamente, pero la imagen de Marta, con sus ojos grandes y honrados, revivió de súbito en su memoria y aquel recuerdo le intimidó y turbó como una acusación. Empezó á balbucear:
—Con mucho gusto... sí... pero... me había comprometido... una familia, con la que no tengo confianza, me espera, y...
La aventurera comprendió; lo único que puede separar á un hombre de una mujer, es otra mujer... y sonrió, hallando muy cómico que el pequeño Thom estuviese enamorado.
—Es igual—dijo—; otra noche será. ¿Dónde le aguardan á usted?
—En la calle de... Es muy lejos; más allá de Neuilly...