Los dos corredores enfilaban el jalón de distancia plantado cien metros antes de llegar á la meta.
—¡Gruiiii!—gritó el jockey—¡gruiiii!...
Y Rick, fuera de sí, bebióse la brida y brincó, dejando atrás á Cromwell, arrastrando así sañudamente por el suelo, como si fuese un cuerpo muerto, todo el porvenir de Juan Thom.
No obstante, aquella tarde, al volver de Longchamps entre la curiosidad de la muchedumbre que le miraba con un poco de lástima, la frente triste del pequeño Thom era noble y altiva como la de un rey.
Madrid.—Mayo, 1909.
EL COLLAR
I
Había terminado el primer acto, y Enrique Darlés, llevado de su curiosidad provinciana, descendió al foyer. Quería asimilarse pronto el alma grande y abigarrada de la urbe, ver muchas cosas, afirmar su personalidad ante la renovación de tantas emociones nuevas, sentir cómo todo Madrid iba pasando bajo la suela de sus zapatos andariegos.