—Estudiar.

—¿Derecho?

—No, señor: Medicina.

—¡Buena carrera! ¿Qué año cursas?

—El preparatorio.

Sonrió avergonzado. Comprendía que sus respuestas eran demasiado lacónicas y que no sabía hablar; y experimentó con más fuerza que antes la vejatoria sensación de hallarse mal vestido. Don Manuel miraba á su alrededor y había en su gesto impertinencia y desenfado. A cada momento murmuraba: «Estoy esperando á uno...» Luego reanudó su vaneo con el estudiante, interrogándole por su padre y por el cacique del pueblo. Invariablemente, á cada nueva interrogación, Enrique Darlés contestaba: «Todo está igual, todos siguen bien...» Y el diálogo volvía á interrumpirse.

Don Manuel preguntó:

—¿Vives en casa de huéspedes, verdad?

—No, señor.

—¿Cómo?