De repente exclamó:

—Y usted, ¿qué hace en Madrid?

—Estudiar...

—¡Ah, ya!... Estudiante... El protagonista de una novela que leí ha tiempo, y que me gustó mucho, era estudiante también. ¿Qué coincidencia, verdad?

Darlés, vencido por la sencillez pueril de la observación, hizo un ademán afirmativo. «Tacita de oro» continuó:

—¿Qué edad tiene usted?

—Veinte años.

—¿Sin mentir?

—Sin mentir. ¿Por qué?... ¿Acaso represento más?

—Al contrario. Representa usted menos. Yo voy á cumplir diez y nueve y parezco más vieja.