—Vaya, vaya... ¡qué tonto eres!...

—Te adoro... Alicia... ¡alma de mi alma!...

—Ea, sé juicioso... adiós. Esto me compromete.

—Necesito verte... verte... ¡verte!...

—Bueno... calla, y adiós... calla... Candela podría sospechar y no quiero que se ría de nosotros.

Hablaba en voz baja, al mismo tiempo que, suavemente, empujaba á Darlés hacia la puerta. Él murmuró:

—¿Me despides?

—No.

—¡Sí; me despides!

—No, no... anda...