“—Y la Tierra, ¿hacia dónde camina?
“—La Tierra camina conmigo.
“—¿Cómo, con usted?—dirá mi inglés, un tío muy largo, como si le viera, con grandes patillas rubias, un monóculo, una guía debajo del brazo y un sombrero más chiquito que la cabeza—, ¿usted está loco?
“—No, señor; el mundo va conmigo, adonde yo quiera llevarlo, como otros treinta o cuarenta que vienen ahí detrás; es todo un sistema planetario: Flammarión no se ha enterado aún de esta francachela cósmica que vamos corriendo, pero puede usted creerme bajo mi palabra”.
Consuelito Mendoza, aunque desconcertada y corrida, declaró que, a su juicio, se necesitaban diez y ocho baúles de los grandes.
Sandoval se echó a reír.
—Todo nuestro equipaje—dijo—ha de caber en un baúl. ¿Oyes?... No admito ni una sombrerera más.
—Pero, hombre, ¡qué cosas tienes! ¿Y dónde meto el contenido de los diez y siete mundos restantes?
—En ninguna parte, lo dejas aquí.
—¿Y tus libros?