—¿Vino usted en coche?—preguntó ella por decir algo.
—Sí, señora... He visto salir a Sandoval y a las criadas, sabía que tardarían en volver y que estaba usted sola... por eso he subido...
A pesar de su aplomo, el médico estaba un poco inquieto.
—¿Cuándo es el viaje?—agregó.
—Mañana.
—¿Y de quién partió esa idea sorprendente de ir a correr mundo?
—De mí—repuso Consuelo mirando a su interlocutor audazmente.
—¡De usted, ya lo sabía!... Porque eso más parece una fuga que un viaje.
La joven sintió que su valor declinaba y bajó los ojos.
—Sí—continuó Montánchez—, es una fuga; usted sale de Madrid huyendo de una persona que, sin querer, la mortifica mucho y a quien odia usted con toda el alma, ¿no es cierto?