—Pediré socorro.

—No podrá usted; tengo yo más fuerza y se lo impediré.

—Me da usted miedo—murmuró Consuelo levantándose—; parece usted un demonio.

—¡Y lo soy!—gritó impetuosamente Montánchez atrayéndola hacia sí—; soy un ángel rebelde que sólo tiembla ante sus propias pasiones; no me preocupa la muerte, pues cien veces luché cuerpo a cuerpo con ella sin inmutarme; ni el mundo, porque le desprecio profundamente; ni temo a los hombres, porque al más fuerte de ellos estoy cierto de aplastarle bajo mis pies... Lo único que me seduce es usted, por quien vivo...

Un segundo relámpago, seguido inmediatamente de un trueno horrísono, iluminó la habitación; su luz cárdena resbaló sobre los muebles.

La luz fué tan vivísima que Consuelo cayó temblando sobre el sofá.

El médico la cogió las manos: en aquel momento estaba muy lejos de representar una comedia.

—Consuelo—dijo modificando el tratamiento para imprimir mayor dulzura a sus palabras—, no te aflijas ni asustes de ese modo, porque estando a mi lado nada debes temer. No vengo a proponerte un adulterio vulgar que repugnaría a tu virtud y que a mí también me sería odioso, mas no por eso renuncio a la esperanza de obtenerte. Yo te robaría de aquí, iríamos a vivir a otro país donde nadie nos conociese y en que no tuvieras que avergonzarte de nada, y allí disfrutaríamos de esta pasión gigante que me consume y de la que no tardarías en participar... Yo quise atraerte poco a poco y disminuir la influencia que Alfonso tiene sobre ti, pero el odio que te inspiro y las circunstancias inutilizaron mis planes; ahora te quiero más, mucho más que antes... y la misma violencia de mi amor, aniquila mi paciencia y no me deja suplicar... Consuelo, cariño de mi alma, esperanza mía, quiéreme... te lo pido de rodillas como esclavo sumiso, te lo mando, si es necesario, como un rey absoluto... pero calma mi sed y pon remedio a mis dolores...

Ella, que había permanecido indiferente, con la cabeza caída sobre el pecho, se irguió altanera.

—¡Gabriel, váyase usted!—gritó iracunda, desasiéndose del médico que la retenía por las muñecas.