—No sé... no estoy para distingos ni argucias; parece que el comedor da vueltas en torno mío...
—Usted me teme porque sólo ve mi lado malo; usted cree que soy un criminal que ha recorrido el mundo huyendo de la justicia y de sus remordimientos, o un hechicero como aquel famoso José Bálsamo, que reveló a la reina María Antonieta su trágico fin mostrándoselo en el fondo de una botella.
—¿Está usted mala?
—Estoy en un potro, mientras esté usted aquí.
—Bien, me voy; pero, su amistad, ¿podré obtenerla algún día?...
Entonces sonó el timbre de la escalera y Consuelo dió un grito. Montánchez se levantó.
—No se atortole usted—dijo tranquilo—; será alguna visita.
—No, debe de ser Alfonso.
Era la modista; Consuelo lanzó un largo suspiro de liberación y contento; el médico se despidió inclinándose gravemente.