—Solo se lee el nombre: «Leopoldina».
Quedáronse pensativas; don Higinio, que había seguido el diálogo, las miraba de reojo.
—Es hermosa, ¿verdad? —insinuó doña Lucía.
A regañadientes, la esposa del héroe declaró:
—Sí, hija mía; no es posible negarlo.
—Los pies un poco grandes, quizás...
—¡Psch..., quizás!...
—Y los ojos demasiado juntos...
—Sí, tal vez...
—No, «tal vez», no; fíjate: los tiene muy juntos.