—No pienses más en eso, no sufras. Dios querrá perdonarte. ¿No sabes que hay dos mujeres que rezan por ti?...

XI

Doña Emilia penetró en el dormitorio como una ráfaga. Su hermana la seguía, caminando a pasos menudos y secándose las manos en su delantal. Don Higinio, que aún dormía, abrió los ojos. Tuvo una moción de sorpresa. El semblante humilde de Teresita decía asombro; el de doña Emilia, cólera.

—¿No sabes lo que sucede? —exclamó la esposa.

Y se detuvo para dar a su noticia, con aquel silencio, mayor importancia. Perea hizo un gesto negativo.

—Pues, nada, un escándalo; que Manolilla está embarazada.

—¿Qué me cuentas?

—Me lo ha dicho ella misma. ¡Figúrate!... ¿Eh? ¡Qué vergüenza para nosotros!...

Viendo la estupefacción de su cuñado, como un eco, Teresita afirmó:

—Sí, no lo dudes; está embarazada.