Perea tartamudeó:
—Sí, sí... un poco...
Cenén lanzó una carcajada grosera:
—Le hemos entendido a usted perfectamente. Ha dicho usted: «Sí, sí; un poco». Para eso no necesita usted ponerse tan colorado.
La joven miraba, alternativamente, a los tres hombres.
—España es muy bonita —dijo—, me gusta mucho. ¿Conoce usted París?...
Don Higinio afirmó. ¡Ah! ¡Ya lo creo! ¡París!... ¡No conocía otra cosa!...
—¿Vivió usted allí mucho tiempo?
Él extendió los cinco dedos de su mano derecha y el meñique de su mano izquierda, y luego, con un mohín de indecisión, alargó también el anular.
—¿Seis o siete años? —exclamó la artista asombrándose.