—¿De dónde eres tú?

—¿Y tú?—repliqué en el mismo tono insolente.

—De Zaragoza.

—Yo nací en Saint-Denis.

—¿San... qué?...

—Saint-Denis—repetí.

—Franchute, entonces...

—No; franchute, no; francés. Y, desde que llegué a España, me llaman El Cabal, nombre que te explicará mi condición; y es que soy completo; o, lo que es igual: que, como nada me falta, nadie puede tener más que yo.

—Así debe ser—repuso El Majo.

Pero sentí que lo decía a regañadientes y que me guardaba rencor.