—Donde me pareció que tenía más carne.

—De todos modos llegaría usted al hueso en seguida.

—¿Que si llegué?... ¡Como que perdí la uña!...

El picante discreteo continuó. “Pedro Domecq” quería atraer a la actriz a su departamento; ella resistía y coqueteaba:

—Véngase usted aquí, criatura...

—¿Hay algún asiento desocupado?

—¿Pero usted cree que yo iba a ofrecerla un asiento, como a una vieja?

—¿Entonces, qué?

—Mis rodillas, que parecen hechas de plumas, por lo blandas.

—No me convienen.