“El amigo de Manuel” pareció alegrarse de verle.
—¡Don Felipe!—exclamó.
Hubo, sin embargo, en su gesto cierta tibieza; fué un saludo de amo a criado; Juanito consideraba a don Felipe “inferior”.
—¿Adónde va usted?—agregó.
—A Sevilla, hijo mío; a la Feria. ¡Como todos los años!... ¡A ver a “ese hombre”, a esa maravilla!...
Referíase al Meñique. Paisa replicó orondo, con el orgullo de quien abre una caja de caudales:
—Ahí le tenemos.
—¡Ya lo sé!... Me habían dicho: “El Meñique viene en el segundo coche.” Y por eso me metí aquí. ¿Supongo que me presentará usted a él, verdad?...
—Ahora mismo.
—Usted ya sabe que lo merezco...