—Deben de venir con él su apoderado y Juanito Paisa.
—¿De qué Juanito Paisa hablas tú? ¿Del notario? ¡Ese está en Sevilla!...
—Te aseguro que viene aquí: Juanito Paisa es “el amigo de Manuel” y le acompaña a todas partes. ¡Me juego lo que quieras!...
Tanto arreció el vocerío de los manifestantes, que don Ricardo decidióse a mostrarse en una ventanilla. Paisa y “el marquesito”, contentísimos de exhibirse también, permanecían tras él, muy cerca.
—Buenos días, señores—dijo el apoderado sencillamente.
Sus palabras, aunque articuladas en voz baja, tuvieron la virtud mágica de llegar a todas partes, porque en el acto, la multitud corrió a congregarse delante de mí.
—Yo les agradezco a ustedes mucho—prosiguió don Ricardo—este rasgo de adhesión. ¿Qué querían ustedes? ¿Ver al Meñique?... No es posible, porque viene acostado.
A la vez, cruelmente, los oyentes replicaron:
—¡Que se levante!...
—Viene dormido; pasó muy mala noche...