Y, como no obtuviese respuesta, añadió:
—Bien; así me gusta; no te pesará... porque más adelante, cuando tu experiencia madure, reconocerás que el más esforzado amor dura menos que nuestra breve vida, y es con relación a ella—¡oh, dolor!—como un traje “que nos hubiesen cortado pequeño”...
Estábamos en Valdepeñas. Una voz anunciaba:
—¡Valdepeñas!... ¡Un minuto!...
Instantáneamente los dos enamorados se levantaron, acelerándose en recoger sus equipajes.
—¿Oyes?—exclamó él triunfante—: la felicidad pasa, y para llevarnos consigo nos otorga un minuto. ¡Lo justo!...
Bajaron al andén y les vi dirigirse, con andar célere, hacia la puerta de salida de la estación.
A lo lejos, en la obscuridad fría y estrellada de la noche, las campanas volteaban felices anunciando que Jesús había abierto los ojos...
XXII
Al Barítono, que rodaba delante de mí, le referí por pasatiempo el original idilio que acababa de presenciar.