—¡Ya era tiempo de que despertases, Cabal!—me gritó un compañero.

—¿Tanto he dormido?—pregunté.

—Toda la tarde.

Doña Catástrofe murmuró a mi lado, misterioso:

—Creo que hiciste muy bien en descansar, porque acaso esta noche no podamos dormir.

En el acto, telepáticamente, adiviné su pensamiento.

—¿Lo dices por los ladrones franceses?

—Sí.

—¿Les has visto?

—Dos de ellos están conmigo, en el mismo departamento, pero no se hablan: demuestran no conocerse.