—Presumido, escucha: pregúntale al Tímido lo que hace Mauricio.

El Presumido, complaciente y a su vez ávido de saber, trasmitía la pregunta:

—Atiende, camarada: ¿duermes?... ¿No?... Responde, entonces: ¿qué hace Mauricio?

—Nada de particular: le llevo en el pasillo, fumando.

—¿Viaja contigo mucha gente?

—Voy completo.

—¡Buena ocasión para acabar aplastado bajo un túnel!... ¿Eh?...

—¡Cállate, salvaje!...

El Presumido gustaba de embromar a nuestro compañero, a quien, en memoria o como burla de sus muchos lamentos, solía apodar “Doña Quejido”. Este, para hacernos reir, demostraba enfadarse, pero no era así, y realmente se querían como hermanos.

Luego la curiosidad que nos recomía a todos no tardaba en contagiar al Presumido, quien, a su vez, preguntaba al Misántropo: