A mí mismo, tan avezado a conocer gentes, este viajero-tipo me inspira una admiración de la que participan los demás pasajeros. El caballero que está a su lado le interroga amablemente.
—Desearía tenderme un rato. ¿Le molesto a usted si coloco los pies sobre el asiento?
—De ninguna manera.
—¿No quiere usted acostarse? Podemos acomodarnos los dos muy bien.
—Muchas gracias.
Le ofrece un periódico:
—Si desea usted leer...
—Tampoco; gracias.
—¿Usted no duerme cuando viaja?
—Nunca.