Y el libro concluye con esta declaración optimista, llena de salud, riente como un rayo de sol mañanero: «No; los muertos no mandan: quien manda es la vida, y sobre la vida el amor.»

Tal es el desenlace que Blasco Ibáñez da á su obra, y, conociendo su temperamento enérgico, no pudo ser otro: destruyamos el pasado: sobre él lo futuro, que es la esperanza, la ilusión, debe caer como una losa.

Para concluir, citaré á Luna Benamor: es una novela corta que tiene la poesía filante, dulcemente triste, de los andenes y de los puertos. En la sociedad cosmopolita que pulula por las calles de Gibraltar, Luis Aguirre conoce á Luna, una hebrea, y quiere casarse con ella; pero la joven, aunque enamorada de él, no accede; sus religiones les separan, sus dioses no les permiten unirse; ella se casará con uno de su raza. Y así es: el desenlace es pesimista; esta vez, los muertos han vencido...

V

Síntesis.—Las mujeres en la obra des Blasco Ibáñez.—Los conquistadores.—El dolor.—Los desenlaces trágicos.

Recordando la impresión que la obra total de Vicente Blasco Ibáñez ha dejado en mi espíritu, diré que sus libros se ofrecen á mi imaginación como flores de pesadilla extravagantes y magníficas, unas azules, otras negras, aquéllas rojas como la sangre; y todas grandes, frescas, lozaneando pomposamente sobre un paisaje donde triunfan los dos colores principales con que se disfraza la vida: el verde del mar y de los campos, y el amarillo del sol. Y más allá, muy lejos, formando horizonte, los desenlaces trágicos de casi todas sus novelas componen una línea obscura que habla de injusticias y de dolor.