Después, nuestra conversación se remonta y llegamos á la región de las grandes síntesis.

—¿Cree usted en la gloria, como fin de la vida? ¿Ama usted el dinero?

El maestro no vacila al contestar.

—La gloria, como el dinero, como el amor—declara—, son «adornos» de la vida, y nada más; arrequives brillantes que la embellecen y nos la ofrecen bajo un disfraz amable. Pero el verdadero fin de la vida está, sencillamente, «en vivir». No debemos vivir para ser ricos, ni para ser célebres, ni para endiosar á una mujer, digan lo que quieran los falsos poetas: la vida goza de substantividad propia; se justifica á sí misma...

Y esta respuesta enérgica y breve compendia el alma, toda el alma, de este hombre excepcional, conquistador rezagado, mezcla feliz de artista y de aventurero, que, sin apoyo de nadie, supo vencer á la pobreza y darle á la Vida un zarpazo de león.

II