Todos se habían detenido sin ocultar su admiración. Dar Veter exclamó:
— Evda, ¡yo no me figuraba!.. Es usted peligrosa como la hoja de un puñal medio desnudo.
— Veter, ¡otra vez son torpes sus galanterías! — bromeó Veda riendo —. ¿Por qué «medio» y no «del todo»?
— Tiene perfecta razón — le defendió Evda Nal, ya la misma de antes —. Precisamente, no del todo. Nuestra nueva conocida, la encantadora Chara Nandi, sí que es la hoja refulgente de un puñal completamente desnudo, hablando en el lenguaje épico de Dar Veter.
— ¡Me resisto a creer que alguien pueda compararse con usted! — resonó tras una roca una voz enronquecida.
Evda Nal fue la primera en advertir unos cabellos rojizos, recortados, y unos ojos de un color azul pálido que la miraban extasiados. Nunca había visto ella, en rostro alguno, semejante expresión de arrobamiento.
— Soy Ren Boz — dijo con timidez el pelirrojo, cuando su cuerpo, enjuto, de mediana estatura, se hubo alzado tras el peñasco.
— Le buscábamos — repuso Veda, tomando al físico del brazo —. ¡Aquí tiene a Dar Veter!
Ren Boz se puso colorado, y ello hizo que las abundantes pecas de su cara y cuello se destacaran más.
— Me he entretenido arriba — se disculpó, señalando a la rocosa vertiente —. Allí hay una tumba antigua.