— En ella yace un célebre poeta de tiempos muy remotos — explicó Veda.

— Tiene una inscripción tallada, aquí está — y el físico desplegó una lámina de metal.

Pasó por ella una regla corta, y en la superficie mate fueron apareciendo cuatro líneas de signos azules.

— ¡Oh, son letras europeas! Caracteres empleados hasta la implantación del alfabeto lineal universal. Su forma absurda es heredada de los pictogramas, aún más antiguos.

Pero esta lengua yo la conozco.

— ¡Pues lea, Veda!

— ¡Unos minutos de silencio! — ordenó, y todos se sentaron sumisos en las piedras.

Veda Kong empezó a leer:

«Se apagan con el tiempo, se hunden en el espacio

pensamientos, hechos, sueños, barcos…