— ¿Yo solo?… Hace ya mucho tiempo que el viejo matemático Heisenberg formuló el principio de la indeterminación, de la imposibilidad de determinar exactamente el lugar de las partículas ínfimas. Pero lo imposible se ha hecho posible merced a la comprensión de las transiciones recíprocas, es decir, gracias al cálculo repagular. Por aquel mismo tiempo se descubrió la nube anular mesónica de núcleo atómico y el estado transitorio entre el nucleón y ese anillo; es decir, se llegó a los umbrales de la noción de la antigravitación.

— Supongamos que sea así. Yo no soy muy entendido en matemáticas bipolares, y menos aún en su parte referente al cálculo repagular, al estudio de los límites de transición. Pero lo que usted ha hecho en materia de las funciones umbrías es algo absolutamente nuevo, aunque poco comprensible para nosotros, los no doctos en este aspecto. Sin embargo, yo concibo la grandeza del descubrimiento. Sólo que… — Dar Veter no acabó la frase.

— ¿Qué, concretamente? — preguntó alarmado Mven Mas.

— ¿Cómo hacer la experiencia? A mí me parece que no tenemos posibilidades de crear un campo electromagnético de tanta intensidad…

— ¿Para equilibrar el campo de gravitación y obtener el estado transitorio? — inquirió Ren Boz.

— Precisamente. Y en ese caso el espacio situado más allá de los límites del sistema continuará fuera de nuestra influencia.

— Cierto. Pero, según las reglas de la dialéctica, la solución hay que buscarla siempre en lo opuesto. Si se consigue la sombra antigravitatoria no por el método discontinuo, sino por el vectorial…

— ¡Oh, eso es una idea!.. Pero ¿cómo?

Ren Boz trazó rápidamente tres líneas rectas, un estrecho sector y cortó todo ello con un arco de gran radio.

— Esto se sabía ya antes de las matemáticas bipolares. Hace varios siglos se le llamaba el problema de las cuatro dimensiones. Por aquel entonces estaba aún difundido el concepto de las múltiples dimensiones del espacio; desconocían las propiedades umbrías de la gravitación, intentaban asimilarlas a los campos electromagnéticos y creían que los puntos singulares significaban la desaparición de la materia o su transformación en algo inexplicable. ¿Cómo podían imaginarse el espacio conociendo tan mal la índole de los fenómenos? Sin embargo, nuestros antepasados adivinaron, ¿se da usted cuenta? comprendieron que si, por ejemplo, la distancia de una estrella A al centro de la Tierra, siguiendo esta línea OA, es de veinte quintillones de kilómetros, la distancia a esa misma estrella, siguiendo el vector OV, equivale a cero… Prácticamente, no será cero, sino una magnitud tendente a cero. Y decían que el tiempo se reducía a cero si la velocidad del movimiento era igual a la de la luz… ¡Pues el cálculo coclear también ha sido descubierto muy recientemente!