— Saturar de gas la sangre, bajo una mayor presión parcial, es un remedio magnífico…
Claro que tomaremos medidas contra la trombosis, y entonces, aunque sólo haya un latido cada doscientos segundos, no importará. La regularización vendrá luego…
Eon mostró, bajo el bigote negro, los fuertes dientes blancos, y su severo rostro tomó al momento una expresión juvenil, alegre y despreocupada.
— El organismo quedará inconsciente, pero vivo — aseguró Luma, más tranquilizada —.
Vamos a preparar la cámara. Quiero utilizar la gran vitrina de silicol que estaba destinada para Zirda. En ella cabe un sillón flotante, que servirá de lecho durante el despegue.
Cuando la aceleración cese, instalaremos a Niza definitivamente.
— En cuanto estén preparados, comuníquenlo al puesto de comando. No nos detendremos aquí ni un minuto más. ¡Basta de tinieblas y de pesantez en este mundo negro!..
Todos se dirigieron presurosos a distintos compartimientos, luchando cada uno como podía con la agobiadora fuerza de gravedad del planeta negro.
Y las señales de despegue resonaron como una marcha triunfal.
Nunca habían experimentado los tripulantes una sensación de alivio tan placentera como la que sintieron al hundirse en el blando abrazo de los sillones de aterrizaje. Pero alzar el vuelo, desprenderse del pesado planeta era empresa ardua y peligrosa. La aceleración necesaria para el despegue se encontraba en el límite de la resistencia humana, y el más leve error del piloto podía dar lugar al perecimiento de todos.