— Mantenerla en un medio a temperatura constante, en reposo absoluto, bajo una luz débil. Si el colapso no progresa… eso será una especie de sueño… y no importa que dure hasta la Tierra… Allí, la hospitalizaremos en el Instituto de Corrientes Neurológicas. Pues la lesión ha sido causada por una corriente. La escafandra está perforada en tres lugares.

¡Menos mal que Niza no respiraba apenas!

— Yo vi los agujeros y los tapé con mi emplasto — dijo el biólogo.

Erg Noor le estrechó el brazo en silencio, agradecido.

— Sin embargo… — prosiguió Luma —, mejor sería abandonar cuanto antes el campo de gravitación acrecentada… Y al propio tiempo, lo más peligroso no es la aceleración al emprender el vuelo, sino la vuelta a la fuerza de gravedad normal.

— Comprende. Teme usted que el pulso se haga aún más lento. ¿Pues esto no es un péndulo que acelera sus oscilaciones en un campo de gravitación acrecentada?…

— En conjunto, el ritmo de los impulsos en el organismo obedece a las mismas leyes. Si los latidos del corazón disminuyen hasta uno por cada doscientos segundos, la afluencia de sangre al cerebro no será suficiente, y…

Erg Noor, abismado en sus meditaciones, se había olvidado de los que le rodeaban; al volver de su ensimismamiento, dio un hondo suspiro.

Sus colaboradores le aguardaban pacientes.

— ¿No sería una solución someter el organismo a la hipertensión en una atmósfera enriquecida de oxígeno? — preguntó el jefe, cauteloso, y las sonrisas satisfechas de Luma y Eon Tal le advirtieron ya que la idea era buena.