Erg Noor, apretándose las entrelazadas manos con tal fuerza, que los dedos se amorataban, intentaba transmitir a Niza sus pensamientos, su ardiente llamada a la vida y a la dicha. Pero la muchacha de los cabellos rojizos y ondulados continuaba inmóvil, como una estatua de mármol rosado que reprodujera con toda perfección el modelo vivo.

La médica Luma Lasvi entró sin hacer ruido en la enfermería y presintió la presencia de alguien. Al apartar con cuidado los cortinones, vio al jefe de rodillas, inmóvil, como un monumento a los millones de hombres que hubieron de llorar a sus amadas. No era la primera vez que le encontraba allí, y una profunda compasión agitó su alma. Erg Noor se levantó sombrío. Luma se acercó presurosa a él y le dijo en emocionado susurro:

— Tengo que hablar con usted.

Erg Noor asintió con la cabeza y, entornando los ojos, pasó a la sala anterior de la enfermería. Sin aceptar la silla que la médica le ofrecía, siguió en pie, apoyada la espalda contra el soporte de un emisor de radiaciones en forma de cúpula.

Luma Lasvi, que era de pequeña estatura, enderezó el cuerpo afanosa de parecer más alta y grave en la conversación que se avecinaba. La mirada del jefe cortó sus preparativos.

— Usted sabe — empezó a decir la médica, vacilante — que la neurología moderna ha profundizado en el proceso de surgimiento de las emociones en el consciente y el subconsciente de la psiquis. El subconsciente cede a la acción que los remedios inhibitivos ejercen a través de las antiguas regiones del cerebro encargadas de la regulación química del organismo, incluido el sistema nervioso y, parcialmente, la actividad nerviosa superior.

Erg Noor arqueó las cejas. Y Luma Lasvi se dio cuenta de que su preámbulo era demasiado largo y detallado.

— Quería decir que la medicina tiene posibilidades de acción sobre los centros cerebrales que rigen las emociones fuertes. Yo podría…

El fulgor de los ojos de Erg Noor y su fugaz sonrisa denotaban que había comprendido.

— ¿Usted quiere ejercer influencia sobre mi amor, liberándome así de mis padecimientos? — inquirió rápido.