— Vaya con Chara — dijo Evda —. Nosotros nos quedaremos aquí un poco…

Dar Veter se despidió de él con un gesto. La expresión del rostro del africano denotaba que éste había comprendido todo; en un arranque casi infantil, balbució unas palabras de adiós, hacía tiempo olvidadas. Dar Veter, emocionado y pensativo, se alejó en compañía de la silenciosa Evda. Ren Boz, lleno de turbación, quedó parado unos instantes; luego, echó a andar en pos de Mven Mas y Chara Nandi.

Evda y Dar Veter llegaron al promontorio que resguardaba el golfo de los embates del mar. Desde allí, se veían con nitidez las lucecillas que contorneaban las enormes balsas circulares de la expedición marítima.

Después de empujar hasta el agua una canoa transparente, Dar Veter se irguió ante Evda, aún más corpulento y vigoroso que el africano. Ella, alzándose de puntillas, besó al compañero que partía.

— Veter, yo estaré con Veda — le prometió, respondiendo a los pensamientos de él —.

Volveremos juntas a nuestra zona y esperaremos allí la llegada de los astronautas.

Cuando se coloque de nuevo, comuníquemelo; para mí será siempre un placer ayudarle…

Durante largo rato, Evda acompañó con la mirada a la canoa, que se adentraba en el mar de plata…

Dar Veter ganó la segunda balsa, donde todavía trabajaban los mecánicos para terminar cuanto antes la instalación de los acumuladores. A petición de Dar Veter, encendieron tres luces verdes, en triángulo.

Al cabo de una hora y media, el primer espiróptero que pasaba se detuvo sobre la balsa y soltó su ascensor. Dar Veter montó en él. Durante un segundo, al ascensor se le vio brillar bajo el iluminado fondo del espiróptero y, al instante, desapareció por la escotilla. Al amanecer, Dar entraba ya en su domicilio fijo, situado no lejos del observatorio del Consejo; aún no había tenido tiempo de cambiar de vivienda. Abrió los grifos de insuflación de aire en sus dos habitaciones. Unos minutos más tarde no quedaba ni mota del polvo acumulado. Luego, sacó de la pared el lecho, hizo girar la vivienda hacia la parte de donde venía el olor y el chapoteo del mar, a los que estaba acostumbrado en los últimos tiempos, y se durmió profundamente.