Veda accedió gustosa.

— Evda Nal trabaja en la Academia de las Penas y de las Alegrías. Nosotros hemos estudiado ya la organización social de nuestro planeta y de algunos otros mundos, pero todavía no nos han explicado la que hace referencia a esa academia.

Veda les habló de los grandes estudios acerca de la sociedad realizados por aquella institución: el cómputo de las penas y alegrías en la vida de los seres humanos, clasificándolas por grupos en consonancia con la edad. Luego, siguió el análisis de los cambios producidos en ellas con arreglo a las etapas de evolución de la humanidad. Y cualquiera que fuese la índole de los distintos gozos y aflicciones, los balances masivos — hechos según el método de grandes cifras — revelaban importantes leyes reguladoras.

Los Consejos que dirigían el desarrollo de la sociedad procuraban siempre conseguir los mejores resultados. Y sólo cuando las alegrías aumentaban o se equilibraban con las penas, se consideraba que la evolución de la sociedad marchaba bien.

— Por lo tanto, ¿la Academia de las Penas y de las Alegrías es la más importante? — preguntó otro muchachito de mirada arrogante y audaz.

Los demás rieron, y el primer interlocutor de Veda Kong aclaró:

— Oí busca siempre la supremacía. Y sueña con los grandes jefes del pasado.

— Peligroso camino — repuso Veda sonriendo —. Como historiadora, puedo deciros que esos grandes jefes eran los hombres más trabados y menos independientes de la Tierra.

— ¿Estaban trabados por el condicionamiento de sus acciones? — preguntó el chico rubio.

— Precisamente. Pero eso ocurría en las antiguas sociedades de la Era del Mundo Desunido y en otras anteriores, que se desarrollaban de un modo desigual y espontáneo.