— Me entusiasmé con la brillante teoría de Ren Boz. Yo no tenía derecho a poner en la primera prueba toda la energía de la Tierra.

— Pero Ren Boz había demostrado que con menos era inútil hacer el intento… — objetó Evda.

— Eso es cierto, mas se debía haber empezado por experimentos indirectos. Me devoraba una impaciencia insensata, y no quería esperar años. No trate de consolarme.

El Consejo confirmará mi decisión, ¡y el Control del Honor y del Derecho no la revocará!

— ¡Yo misma soy miembro de ese Control!

— Sí, pero en él hay otras diez personas. Y como mi delito afecta al planeta entero, tendrán ustedes que decidir conjuntamente con los Controles del Sur y del Norte; en total, dictarán el fallo veintiún miembros, aparte de usted…

Evda Nal puso su mano en el hombro de Mven Mas.

— Sentémonos un rato, le flaquean las piernas. ¿Sabe usted que cuando los primeros médicos reconocieron a Ren querían convocar un concilio de la muerte?

— Lo sé. Sólo faltaron dos votos. Los médicos son gente conservadora y, según el viejo reglamento, que aún no se les ha ocurrido derogar, únicamente pueden acordar la muerte leve del enfermo veintidós personas.

— ¡Pues no hace mucho el concilio constaba de sesenta médicos!