— ¡Que él tiene razón!

— Yo creo lo mismo. Por ello hay que sacarlo de la isla del Olvido. Dentro de un mes, tendrá lugar la reunión anual del Consejo de Astronáutica. Se examinará su culpa y el fallo será sometido a la sanción del Control del Honor y del Derecho, que vela por el destino de cada uno de los habitantes de la Tierra. Yo tengo fundadas esperanzas de que la condena sea leve, pero es preciso que Mven Mas esté aquí. A un hombre que es tan emotivo como usted, no le conviene permanecer largo tiempo en la isla, ¡y mucho menos en soledad!

— ¿Acaso soy yo una mujer tan chapada a la antigua para trazar los planes de mi vida en dependencia de los asuntos de un hombre, aunque este hombre sea el elegido por mí?

— Chara, hija mía, no me diga nada. Yo los he visto juntos y sé lo que usted significa para él… Y él para usted. No censure a Mven por haberse marchado sin verla, ocultándose de usted. Comprenda que una persona como él, y como usted misma, no podía ir así a ver a su amada, ¡no le quepa duda, Chara! Mísero, vencido, esperando el juicio y el exilio, ¿cómo iba a presentarse ante usted que es uno de los ornatos del Gran Mundo?

— Yo no me refiero a eso, Evda. ¿Me necesita él ahora, cuando está cansado, roto?…

Yo temo que tal vez le falten fuerzas para una gran exaltación espiritual; en este caso no se trata de la razón, sino de los sentimientos necesarios… para esa creación que es el amor, de un sublime amor del que a mi parecer somos los dos capaces… Entonces, vendría para él una segunda pérdida de fe en sí mismo, ¡y no soportaría la divergencia con la vida! Por eso, yo pensaba que lo mejor para mí ahora sería estar en el desierto de Atacama.

— Tiene usted razón, Chara, pero solamente en un aspecto. Hay además el de la soledad y la autocondena excesiva en un gran hombre apasionado que no tiene hoy ningún apoyo, puesto que ha dejado nuestro mundo. Yo misma habría ido allá… Pero tengo a Ren Boz medio muerto, y él, como herido grave, goza de más derecho. Dar Veter ha sido designado para construir el nuevo sputnik; ésa será su aportación a Mven Mas. Y no me equivocaré si le digo a usted, con firmeza: vaya a su lado y no le exija nada, ni siquiera una mirada cariñosa, ni planes para el futuro, ni ningún amor. Limítese a ayudarle, siembre en él la duda acerca de su propia razón, y luego, vuélvalo a nuestro mundo. Usted es capaz de hacerlo, Chara. ¿Irá?

La muchacha, anhelante, alzó hacia Evda Nal los ojos, cándidos, infantiles, cuajados de lágrimas.

— ¡Hoy mismo!

La psicóloga besó fuertemente a Chara.