Las figuras de la pantalla se alargaron y dieron vueltas. Iva Dzhan prosiguió:
— Entonces la rotación del planeta carecerá de estabilidad y la Tierra podrá ser vuelta, colocándola en la posición conveniente para un esclarecimiento por los rayos solares más prolongado y ventajoso.
Bajo la pantalla, por un largo cristal, iban pasando los parámetros calculados de antemano por las máquinas, y cuantos eran capaces de comprender aquellos símbolos se convencían de que el proyecto de Iva Dzhan no carecía, al menos, de fundamento.
Iva Dzhan detuvo el movimiento de las figuras y los signos y, luego de hacer una inclinación de cabeza, abandonó la tribuna. Sus oyentes cruzaron miradas y cuchichearon animadamente. Tras cambiar un gesto con Grom Orm, apenas perceptible, el joven jefe de la expedición a Plutón subió a la tribuna.
— Es indudable que la experiencia de Ren Boz dará lugar a una reacción en cadena: se sucederán descubrimientos capitales. Para mí es como un guía que nos conduce a lejanías de la ciencia inaccesibles hasta el presente. Así ocurrió con la teoría de los quantos, primer escalón del conocimiento del repagulum o transición mutua, seguido del descubrimiento de las antipartículas y de los anticampos. Después vino el cálculo repagular, que constituyó una victoria sobre el principio de la indeterminación formulado por el antiguo matemático Heisenberg. Y por último, Ren Boz ha dado el paso siguiente hacia el análisis del sistema campo-espacio, llegando a la noción de la antigravitación y el antiespacio o espacio cero, según la ley del repagulum. ¡Todas las teorías no reconocidas han acabado por ser el fundamento de la ciencia! En nombre del grupo de exploradores de Plutón, propongo que se someta la cuestión a examen de la opinión pública mundial.
El viraje del planeta con relación a su eje disminuirá el gasto de energía para el caldeamiento de las regiones de los polos, reducirá aún más los frentes polares y enriquecerá el caudal de agua de los continentes.
— ¿Está la cuestión lo suficientemente clara para someterla a votación? — preguntó Grom Orm.
En afirmativa respuesta, se encendieron multitud de luces verdes.
— Entonces, ¡empecemos! — dijo el presidente metiendo la mano bajo el pupitre de su sillón.
Allí se encontraban tres botones de señales de una máquina de calcular. El de la derecha significaba «sí»; el de en medio, «no», y el de la izquierda, «me abstengo». Cada miembro del Consejo envió también a la máquina su señal, inadvertible para los demás.