El auditorio, entusiasmado, recompensó a la psicóloga con un alud de luces verdes.

Levantóse Grom Orm.

— La cuestión está clara, y la decisión del Consejo también. Por ello, mi intervención será sin duda la última. Pediremos a la humanidad que reduzca sus necesidades en el año 409 de la Era del Circuito. Dar Veter no ha hablado del hallazgo, por unos historiadores, de un gigantesco caballo de la Era del Mundo Desunido. Esos centenares de toneladas de oro puro se pueden dedicar a la producción de anamesón y acumular pronto las reservas para el tercer vuelo. ¡Por primera vez en la historia de la Tierra, enviaremos simultáneamente expediciones a tres sistemas estelares e intentaremos, también por vez primera, alcanzar mundos que se encuentran a una distancia de setenta años-luz!

El presidente levantó la sesión, después de rogar a los miembros del Consejo que se quedasen en la sala. Había que redactar con urgencia las solicitudes al Consejo de Economía y a la Academia de las Grandes Cifras y de la Predicción del Futuro a fin de conocer las posibles contingencias en el largo recorrido hasta Achernar.

Chara, cansada, arrastrando los pies, siguió a Evda y se asombró de que las pálidas mejillas de la famosa psicóloga conservasen su lozanía habitual. La muchacha ardía en deseos de quedarse sola para disfrutar en apacible calma su gozo por la rehabilitación de Mven Mas. ¡Magnífico día! Cierto que el africano no había sido coronado de laureles como ella esperaba en sus más íntimos sueños. Por mucho tiempo, tal vez para siempre, se le apartaba de una labor grande, trascendental… Pero ¿acaso no le habían dejado en el seno de la sociedad? ¿No estaba abierto ante ambos, para recorrerlo juntos, el ancho y no llano camino de las investigaciones, del trabajo y del amor?

Evda Nal obligó a la muchacha a ir con ella a la más cercana Casa de la Alimentación.

Chara estuvo tan largo rato mirando la tablilla del menú, que Evda decidió tomar la iniciativa. Comunicó por el micrófono del aparato automático las cifras de los platos elegidos y el número de la mesa. Apenas se sentaron al ovalado velador de dos plazas, abriose una escotilla en el centro del mismo por la que apareció un container con todo lo encargado. Evda Nal tendió a Chara una copa llena de una opalina bebida estimulante, denominada Lió, bebió con fruición un vaso de agua fresca y limitóse a tomar un pastel de castañas, nueces y plátanos con nata. Cuando Chara hubo comido un sabroso picadillo de rapís, aves que habían sustituido a las de corral y a la volatería, su amiga la dejó en libertad. Evda Nal siguió con la mirada a Chara, mientras la muchacha, con una gracia sorprendente incluso en la época del Circuito, bajaba presurosa por la escalinata entre estatuas de metal negro y bellos reverberos de caprichosos soportes.

Capítulo XIII. LOS ÁNGELES DEL CIELO

Con la respiración contenida, observaba Erg Noor las hábiles manipulaciones de los ayudantes del laboratorio. La abundancia de aparatos hacía recordar el puesto de comando de una astronave, pero la espaciosa sala, de anchos ventanales azulados, alejaba al instante toda idea de un navío cósmico.