— ¿Y el de Determinación Superior?

— En el Sector Indio de la zona Norte de viviendas, donde yo… Cambio, espere.

Ante la apagada pantalla, Veda trataba de imaginarse el Cerebro Profético. Se figuraba un gigantesco cerebro humano, con sus circunvoluciones y surcos, palpitante, vivo, aunque ella sabía que en realidad se trataba de unas enormes máquinas electrónicas de investigación, de la más elevada clase, capaces de resolver casi todos los problemas al alcance de las ramas ya estudiadas de las matemáticas. En el planeta sólo había cuatro máquinas semejantes, de distinta especialización.

Veda tuvo que esperar poco tiempo. Iluminóse la pantalla y el africano le pidió que volviese a llamar dentro de seis días, pero más tarde, por la noche.

— ¡Mven Mas, su ayuda es de un valor inestimable!

— ¿Por la sola razón de que yo tengo algunos conocimientos de matemáticas? Su trabajo sí que es verdaderamente inestimable, pues usted conoce las culturas y los idiomas antiguos… ¡Veda, está usted demasiado absorbida por la Era del Mundo Desunido!

El africano soltó una carcajada tan bonachona y contagiosa, que Veda rió también. Y después de despedirse con un gesto, desapareció.

El día convenido, Mven Mas volvió a verla en el televisófono.

— No me diga nada, ya veo que la respuesta es desfavorable.

— Sí. La estabilidad es inferior al límite de seguridad… De seguir el procedimiento general, habría que excavar en la parte derruida un kilómetro cúbico de piedra calcárea.