— Dentro de nuestras posibilidades, no queda más que extraer por una galería las cajas de caudales de la segunda cueva — dijo tristemente Veda.

— ¿Vale la pena afligirse tanto por eso?

— Perdone, Mven, pero usted ha estado también ante una puerta tras la que se ocultaba un misterio. La de usted era grande, universal, mientras que la mía es pequeña.

Mas, desde el punto de vista emotivo, mi fracaso es igual al suyo.

— Los dos somos compañeros de infortunio. Puedo asegurarle que más de una vez hemos de tropezar aún con puertas de acero. Cuanto más audaz y fuerte sea el afán, con más frecuencia las encontraremos.

—.¡Alguna de ellas se abrirá!

— ¡Cierto!

— Pero ¿usted no ha renunciado definitivamente?

— Claro que no. Recogeremos nuevos hechos, indicadores de giros más precisos. La fuerza del Cosmos es tan enorme, que era una ingenuidad por nuestra parte lanzarse contra ella con un simple chuzo… Lo mismo que si usted intentase abrir con las manos esa peligrosa puerta.

— ¿Y si tiene que esperar toda la vida?