Éste miró a Yuni Ant con asombro, como si acabara de despertarse de un sueño extraordinario.
El grave hombre de ciencia ocultó una sonrisa: ¿acaso la visión aquella no había sido en verdad un bello sueño acerca de un mundo maravilloso, enviado a través del espacio hacía tres siglos? Un sueño que verían, con toda nitidez, miles de millones de personas en la Tierra y en las estaciones de la Luna, de Marte y de Venus.
— Tenía usted razón, Mven Mas — manifestó Dar Veter sonriendo —, al decir antes de la emisión que hoy ocurriría algo extraordinario. Por vez primera, en los cuatrocientos años que el Gran Circuito existe para nosotros, de las profundidades del Universo ha surgido un planeta poblado de seres que son hermanos nuestros no sólo de mente, sino de cuerpo. ¡El descubrimiento me llena de gozo! ¡Bien comienza su labor! Los antiguos habrían visto en ello un buen presagio y nuestros psicólogos dirían que se ha producido una coincidencia de circunstancias que ha propiciado la confianza y el entusiasmo con respecto a la labor futura…
Dar Veter cayó en la cuenta de que la reacción nerviosa experimentada le había vuelto locuaz. Y como en la Era del Gran Circuito la locuacidad se consideraba uno de los más vergonzosos defectos del hombre, el director de las estaciones exteriores calló sin terminar la frase.
— Sí, sí… — repuso distraído Mven Mas.
Y Yuni Ant, que había advertido cierta indiferencia en el tono de su voz y languidez en sus ademanes, prestó atención. Veda Kong tocó con un dedo la mano de Dar Veter y le señaló al africano con la cabeza.
«¿No será demasiado impresionable para esto?», pensó por un instante Dar Veter, y miró con fijeza a su sucesor.
Pero Mven Mas, que había presentido las ocultas dudas de sus compañeros, irguió el cuerpo y volvió a ser el hombre de antes, atento, buen conocedor de su profesión. La escalera rodante los llevaba ya arriba, hacia los amplios ventanales y el cielo tachonado de estrellas que, de nuevo, estaba tan lejos como estuviera en los treinta milenios de existencia del hombre, mejor dicho, de su especie denominada Homo sapiens.
Mven Mas y Dar Veter debían quedarse en el observatorio.
Veda Kong le dijo en un susurro al director saliente que nunca olvidaría la noche aquella.