— ¡Nuestras hermanas y nuestros hermanos muertos nos salvan la vida! ¿No percibís, acaso, la mano del fuerte hombre de la Tierra? Resulta que en la astronave hay anamesón. Y, por añadidura, hemos recibido la advertencia del peligro mortal que aquí nos acecha. Ignoro cuál será, pero debe de ser esta vida extraña. Si se tratase de fuerzas y elementos del Cosmos, éstos no sólo habrían matado a los tripulantes, sino averiado la nave. Después de recibir una ayuda semejante, sería una vergüenza que no salváramos la Tantra y no llevásemos a la Tierra los descubrimientos hechos por el Argos y por nosotros. ¡Que el grandioso trabajo de los muertos y su lucha de medio siglo contra el Cosmos no sean vanos!

— ¿Y cómo piensa usted tomar el combustible sin salir de la nave? — preguntó Key Ber.

— ¿Por qué sin salir? Usted sabe que eso no es posible y que tendremos que salir y trabajar a la intemperie. Pero ya estamos prevenidos y tomaremos precauciones…

— Me lo imagino — le interrumpió el biólogo Eon Tal —. Una barrera de protección en torno al lugar de los trabajos.

— ¡No sólo allí, sino en todo el trayecto entre las dos naves! — agregó Pur Hiss.

— ¡Desde luego! Como no sabemos lo que nos acecha, haremos una barrera doble:

radiactiva y eléctrica. Tenderemos unos cables a lo largo de todo el camino y formaremos un pasillo de luz. Detrás del Argos está el cohete abandonado, cuya energía será suficiente para el tiempo que duren los trabajos.

La cabeza de Bina Led chocó contra la mesa. La médica y el segundo astrónomo, venciendo la fuerza de gravedad, se acercaron a la compañera desvanecida.

— ¡No tiene importancia! — dictaminó Luma Lasvi —. Una ligera conmoción e hipertensión. Ayúdenme a llevarla al lecho.

Y si al mecánico Taron no se le hubiera ocurrido emplear una carretilla automática, aquel simple traslado habría requerido mucho tiempo. En ella, los ocho exploradores fueron llevados a sus respectivos lechos, pues ya era hora de descansar; de lo contrario, la hipertensión de sus organismos, no adaptados a las nuevas condiciones, se convertiría en enfermedad. Y en aquellos momentos críticos, cada miembro de la expedición era insustituible.