— ¡»Diez tonos»! — exclamó jubiloso, tendiendo la mano hacia su copa.
— Señor vencedor del toro, se está usted volviendo salvaje en la estepa — protestó Veda —. Le estoy comunicando unas interesantes noticias, ¡y usted no piensa más que en el ágape!
— ¿Excavaciones, aquí? — inquirió dudoso Dar Veter.
— Sí, pero no arqueológicas, sino paleontológicas. Se estudian los animales fósiles de la época permiana, que se remonta a doscientos millones de años. Un espanto en comparación con nuestros pobres milenios…
— ¿Y los estudian directamente, sin desenterrarlos? ¿Cómo es eso?
— Sí, directamente. Pero yo misma no sé aún cómo se hace.
Uno de los que estaban sentados a la mesa, hombre enjuto, de rostro amarillento, terció en la conversación:
— Ahora, nuestro grupo releva a otro. Acabamos de terminar las operaciones preliminares y vamos a comenzar la radiografía…
— ¿Con rayos duros? — conjeturó Dar Veter.
— Si no están ustedes muy cansados, les recomiendo que vean los trabajos. Mañana desplazaremos la plataforma, y eso no ofrecerá ya interés.