—Yo de ninguna suerte puedo conformarme con vuestras ideas. Parécenme contrarias á todas las verdades y justificativas de todos los errores. Yo creo que un solo pueblo ha conocido á Dios en el mundo antiguo, el pueblo judío; y que una sola sociedad conserva y difunde esta vida en el mundo moderno, la Iglesia católica. Fuera de estas dos grandes ráfagas de luz tendidas por el tiempo como la Vía Láctea por el espacio, sólo descubro tinieblas y tinieblas, que ciegan y asfixian.
—¿Y el resto del trabajo humano se ha perdido? ¿Y del resto de la conciencia humana se ha Dios ausentado? ¿Qué creeriais de mi razon si yo os dijese: este jilguero ó esta rosa deben su vida al Creador; pero no se la deben ni este helecho ni ese murciélago? Si dividimos las cosas en divinas y no divinas, entregamos el mundo al maniqueismo; y el diablo disputa con derecho á Dios una parte en la creacion.—Si dividimos los pueblos en elegidos y réprobos, entregamos la sociedad á un poder arbitrario más temible que el destino antiguo. El ázoe, el oxígeno, el carbono, que separados matan, forman juntos el aire vital. No separeis tampoco las várias revelaciones de la verdad y del bien, porque todas juntas forman la atmósfera del humano espíritu. Los profetas no han escrito solamente en Judea, no han bebido solamente las aguas del Jordan y del Eufrates; han escrito en la India tambien, y han bebido las aguas del Gánges. Á formar las ideas judías ha contribuido tanto el sacerdote egipcio como el mago de Babilonia y el dualista de Persia. La idea es como la savia, como la sangre, como la luz, como la electricidad, como los jugos de la tierra, como los gases de la atmósfera, como los flúidos del planeta. La idea no reconoce ni naciones, ni sectas, ni iglesias; pasa de la Pagoda á la Pirámide, y de la Pirámide á la Sinagoga, y de la Sinagoga á la Basílica, y de la Basílica á la Catedral, y de la Catedral á la Universidad, y de la Universidad al Parlamento, con la celeridad del rayo que truena, ilumina, quema y purifica. El cristianismo ha sido preparado lo mismo en las estancias de Isaías que en los diálogos de Platon. Á la revelacion universal ha llevado cada raza humana su contingente. El pueblo griego creia su vida completamente original, aparte de toda otra vida humana, sus dioses puramente nacionales y domésticos, y su casta Diana habia tenido templos en el Asia Menor, y su Baco, que representa la exaltacion, el delirio de la vida en el Universo, venía ébrio del néctar destilado por los bosques indios. Cuando el judío se aislaba al pié de sus altares y allí creia conservar su Dios alejado de todas las tentaciones paganas, iba Alejandro á perturbar aquel monólogo triste de un pueblo, y á llevar tras su carro de guerra las divinidades griegas, tocando el címbalo y la flauta frigia, despertadores de la alegría helénica en el seno de la triste, inmóvil y panteista Asia. El mesianismo no era una esperanza hebráica, era una esperanza universal. La sibila de Cúmas lo concebia en su gruta, á las orillas del sensual Tirreno, en los mismos dias en que Daniel contaba con los dedos las semanas de años que faltaban para su cumplimiento. Y en el Pausilipo, á la sombra de los altos olmos festoneados por las vides, á la vista de las ondas recamadas de espumas en que cantaban las sirenas griegas, entre las danzas báquicas, oyendo el caramillo del dios Pan y los coros de las vírgenes que trenzaban guirnaldas de flores sobre las aras humeantes de mirra, Virgilio anunciaba la redencion universal casi al mismo tiempo que el Bautista la pedia, vestido de sayal, macerado por el cilicio, en el desolado seno del desierto. Aténas con sus artes, Roma con su derecho, Alejandría con su ciencia, han contribuido tanto á la revelacion cristiana, como Jerusalen con su Dios. No olvideis, no, estas verdades evidentes, confirmadas por toda la historia. No seais como el judío que se encierra en las oraciones de su Biblia, y cree que despues el género humano ni una sola verdad religiosa ha podido añadir á las ideas judaicas. El cristianismo, más humano y más divino al mismo tiempo, ha tomado toda la Biblia y le ha añadido el Evangelio. ¿Por qué nosotros no añadirémos al Evangelio el Renacimiento, la Filosofía, la Revolucion, que ha llevado á la esfera social estas tres palabras cristianas: Libertad, Igualdad, Fraternidad? Leonardo de Vinci trazó Baco y trazó el Bautista en sus cuadros, que representan la primavera del espíritu moderno. Rafael encerró en las líneas de las diosas griegas el alma efusiva y santa de las Vírgenes cristianas. Miguel Ángel puso los dos coros de las sibilas y de los profetas en las bóvedas de la Sixtina. El espíritu humano es uno como el Universo, uno como Dios; y Dios, la naturaleza, el espíritu, son la eterna trinidad que ilumina las páginas de la historia. No nos separemos, ni del espíritu, ni de la naturaleza, ni de Dios.
Estas palabras, si no arrastraron, comovieron á mi interlocutor. Yo mismo habíame exaltado extraordinariamente al calor de mis propias palabras. Así es que cogí la mano que el jóven sacerdote me tendia, la apreté, y dejéle entregado á sus pensamientos. La noche era serena, tranquila; brillaban las estrellas en el cielo y el fósforo en las aguas; un aliento primaveral refrescaba el ambiente y traia los ecos de la ciudad y del campo á los espacios celestes de la laguna, que convidaba á meditar sobre esta verdad evidente: como permanece inmóvil, serena, luminosa la naturaleza sobre las disputas y las discordias de los hombres.
EL DIOS DEL VATICANO.
¿Creeis que en realidad ha sido roto y deshecho el paganismo en esta tierra de Roma? Cerca de mi alojamiento se eleva el Panteon de todos los dioses. El genio católico no se ha contentado con alzarlo á las alturas y ceñirlo, como diadema, á la Basílica madre de todas las Basílicas cristianas, sino que lo ha convertido en el templo de todos los santos. La oracion se apaga allí en los labios. Entra demasiada luz por el círculo que corona la Rotonda para que pueda entregarse el ánimo á la meditacion y al recogimiento. Bautizado, lleno de altares, convertido en iglesia como la gran aljama de Córdoba, protesta contra los innovadores, y suspira calladamente por su antiguo culto.
Así es todo en Roma. El paganismo se ha transformado, no se ha destruido. Los meses del año y los dias de la semana llevan los nombres de las antiguas divinidades, de los antiguos césares, de la antigua numeracion romana, y no hemos osado tomar el calendario de la República francesa que parece concebido en las entrañas de la creacion. Los dos solsticios de invierno y de verano todavía los celebramos con fiestas análogas á las fiestas clásicas. Adónis nace, muere, resucita, cuando el trigo se siembra y brota y espiga. Las fiestas de la Candelaria, como las fiestas lupercales, hállanse consagradas á la luz. El romano agita las antorchas bajo el dominio de los papas, como las agitaba ántes bajo el dominio de los césares, y entona á la luz himnos que han cambiado en su forma, pero que no han cambiado en su esencia. Cuando el Papa aparece conducido en hombros, puesto sobre altísima silla, envuelto el cuerpo en crujientes brocados, coronada la cabeza por áurea tiara que reluce, en las manos el preciado báculo, á los piés aquellas legiones de mitrados con sus capas de mil colores, cree el ánimo hallarse en los dias en que el lujo oriental y las costumbres orientales invadieron con los césares venidos de Siria la Ciudad Eterna.
No trato yo ciertamente con esto de combatir ni negar las virtudes del espíritu católico. De lo que trato es de negar esa originalidad que le atribuyen todos cuantos desconocen cómo obró el espíritu antiguo en el cristianismo, que fué al cabo su continuacion y hasta cierto punto su purificacion. El verbo es un concepto platónico-alejandrino, y es el concepto fundamental de la fe cristiana. La apoteósis de los héroes se ha reemplazado con la canonizacion de los santos. Cualquiera creeria oir un poeta católico cuando oye á Lucano decir ante la tumba de Pompeyo, cómo irán á orar sobre su losa los fieles que rehusan ofrecer incienso á los dioses del Capitolio. Es el infierno creacion pagana, como son los demonios creacion mágica. Satanás ha pasado por el mazdeismo ántes de pasar por el cristianismo. Las esperanzas mesiánicas no son exclusivas de la raza judía en el siglo del advenimiento de Cristo; son esperanzas universales. Cuando San Juan escribia el Apocalípsis, lo escribian tambien los estoicos, y palabras de desesperacion se pronunciaban por dos coros á un mismo tiempo, y se unian en los cielos paganos como en los cielos cristianos, el espanto religioso por la próxima conclusion del mundo. Nos extrañamos del número de dioses que tenian los antiguos. Los dioses hanse convertido en ángeles, dice el mismo San Agustin: deos quos nos familiarios angeles dicimus. ¿Por qué, pues, tanto ódio al mundo antiguo, á las ideas que vienen á ser como el blason de nuestra nobleza y la genealogía de nuestras propias ideas?
Pues qué, ¿no recibimos tambien el agua lustral? ¿No colgamos de las capillas los ex-votos? ¿No tenemos procesiones como tenian los griegos teorías? ¿No encendemos la noche de San Juan hogueras como las encendian los rhodios, los corinthios, los grandes fundadores de las colonias helénicas? Nuestra personalidad no ha venido de súbito á la creacion; es, como el planeta que habitamos, obra lenta de los siglos, obra á su vez de las generaciones. Así, cuando yo veia pasar bajo los arcos triunfales de mármol, cuya sucesion compone el Vaticano, la figura majestuosísima del Papa, entre tantas aclamaciones, entre tanto lujo, no podia ménos de decir para mis adentros que aquella autoridad tan universal, tan grande, es una autoridad que no proviene tanto del espíritu cristiano, democrático, sobre todo en los primeros tiempos, como de la superioridad que tuvo Roma por sus derechos y por sus conquistas sobre todas las ciudades del mundo.