—No conozco ese autor.

—Es un canónigo de Santa María la Mayor, verdadero sacerdote; por su conciencia todo un hombre piadoso; por su vida todo un austero anacoreta; por su orígen un campesino convertido al sacerdocio. La agricultura es propicia á los prelados y dignatarios de la Iglesia. Sixto V no sólo fué pastor, sino hijo de jardinero. Y la escuela católica es de tal suerte pueril, que ha elevado á cuestion de primer órden probar que guardó cabras, en vez de guardar cerdos, y que los animales puestos bajo su cayado eran, no de ajeno dueño, sino de su padre.

—¡Qué empeño tienes, Enrique, dijo la señora, en denigrar el Catolicismo en su misma capital y en su gran Basílica!

Yo, por apoyar á la señora en sus observaciones, le dije:

—Es necesario ver estos grandes monumentos con la inteligencia llena de las ideas que despiden de cada una de sus piedras. Para ver la aljama de Córdoba hay que inspirarse en el espíritu semítico, y para ver el Parthenon de Aténas, en el espíritu pagano.

Comprendió el frances toda la trascendencia de mi observacion, y se amostazó un tanto.

—Si algo me demuestra con demostracion irrefragable la decadencia del Catolicismo, es la nimiedad con que suele darse carácter anti-católico á toda observacion más ó ménos justa sobre el pontificado y su córte. ¿Tendrá algo que ver con los dogmas la naturaleza del ganado que guardára Sixto V? ¿Será más ortodoxo y eclesiástico el ganado de lana que el ganado de cerda?

Yo, conviniendo en la justicia y hasta en la gracia de semejante afirmacion, volví la hoja y pregunté por el libro de Liverani.

—Está dedicado al señor conde de Montalembert, que quiere la restauracion, es decir, Milan; Venecia bajo las espuelas de los croatas; el cuadrilátero puesto como una herradura austriaca sobre las armas de Italia, y todos los patriotas dispersos y errantes por el mundo.

—No estarémos mucho tiempo en Roma, dijo la señora; tus imprudencias nos expulsarán pronto.