Toda la region, toda ella, exhala inspiraciones campestres: las lejanas cordilleras de los Alpes, recamadas de celestes reflejos y ceñidas de eternas nieves, inmensas líneas de rotondas y pirámides admirablemente dibujadas en los horizontes; el espacioso lago de Garda, formado por puros manantiales que dan á sus aguas las trasparencia y la claridad del cristal, tendido perezosamente al pié del monte Baldo; las pesadas lagunas de Mantua, que contrastan con el celeste Garda, lagunas compuestas de las corrientes del limoso Mincio; el ancho Po, de tranquilo curso y de brillante superficie; los verjeles y majadas, el campo entero cubierto de un verdor que recuerda los paisajes de Holanda; los altos olmos en cuyos troncos las vides se enlazan y suspenden; toda aquella naturaleza impregnada de la misma poesía que exhalan de sus exámetros las virgilianas Églogas.
VII.
La naturalidad es la primera y más sobresaliente entre las cualidades de Virgilio. No es un erudito que rehace la Naturaleza en su biblioteca; es un campesino que ha nacido y se ha criado en el establo, que ha dirigido con su honda, y su cayado las ovejas, que ha tocado la zampoña y el rabel en las pastoriles fiestas, que ha muñido las tetas de las vacas, que ha sesteado á la sombra de los olmos, que ha sembrado el grano por el lluvioso otoño tras la yunta en el hondo surco y con su hoz lo ha segado y en la era lo ha trillado por el caluroso estío, que ha recogido y cortado el panal de cera y miel en las colmenas, que ha podado los sarmientos y vendimiado los racimos y recibido en las cántaras el ardiente mosto y trabajado con todo su sér en las creadoras faenas del campo, vivo en su corazon y en su existencia ántes de ser cantado por su armoniosísima poesía.
Para que el amor á la agricultura tomára en su pecho más intensidad, se vió privado violentamente de sus tierras en edad bien temprana, y las lloró y las cantó como las aves lloran y cantan el nido alevemente robado por despiadada mano. Como todos los bienes de la tierra, amados mucho y perdidos pronto, el despojo de su propiedad y la tristeza de su familia han dejado huellas indelebles, así en su poesía como en su vida, y han derramado hermosos pensamientos en los cielos del arte. Hay entre el sepulcro de la República Romana y la cuna del Imperio Cesáreo un hombre que personifica el pretorianismo, y que lleva en su figura y en su vida todas las señales del largo irremediable decaimiento de la antigua civilizacion. Este hombre es Antonio. Educado por el partidario de Catilina, Léntulo; crecido en la amistad de Clodio, el más furioso y más vil de los demagogos romanos, sólo creyó en la fuerza; y sólo sirvió á la tiranía semejante en esto á todos los cortesanos del pueblo, que exageran la libertad y la violentan como para hacerla odiosa á las sociedades humanas y arrastrarla por el terror á la mancebía de los déspotas.—General de caballería en edad temprana, vencedor de los judíos, soldado mercenario de los egipcios, tribuno de la plebe, del partido demagógico pasa al partido cesarista y viola torpemente la majestad del Senado con la irreverente lectura de audaces cartas del dictador y enciende la guerra civil presentándose á éste en carruaje de alquiler como lanzado de Roma y de sus derechos. Desde entónces queda constituido Antonio en jefe de los partidos militares sobre cuyas lanzas se levantára César á la tiranía jamas disculpada ni siquiera por la virtud de su genio. Como vestia el traje militar, como llevaba al cinto la espada pretoriana, como se parecia á Hércules en su varonil hermosura, como se emborrachaba en las cantinas y participaba del rancho, como dispendiaba el oro lo mismo que vertia la sangre, pródigamente, los soldados seguian á ciegas las enseñas y las voluntariedades de Antonio, que daba festines y banquetes á todas horas, malversaba los caudales públicos en espectáculos populares, concurria á los garitos acompañado de sus capitanes, se paseaba borracho en los sitios más principales y construia teatros para agasajar á sus bufones; incontinente hasta asaltar las mujeres honradas en medio de las calles; intemperante hasta vomitar sus indigestiones en una Asamblea, como si dijéramos, sobre la cara del pueblo; escandaloso hasta llevar al frente de sus tropas y junto su litera, á un lado el titiritero Sergio y á otro la cortesana Cytheres; fastuosísimo hasta tener leones y fieras entre sus alimañas y vasos de esmeralda en su equipaje; ataviado de seda y pedrería como un sátrapa de Oriente; en cenas orgiásticas perpétuas como las prostitutas romanas; personificacion de todos los vicios, que, envenenando á los ejércitos y á los pueblos, concluyen por forzarlos á dormir en la triste soñolencia del hartazgo y del hastío bajo la más degradante servidumbre. Antonio repartió las tierras de Mantua, las propiedades de los pueblos entre sus soldados; y esta reparticion fué causa de que Virgilio visitára á Roma y consiguiera una devolucion que le empeñó en eterno agradecimiento á su redentor, al poderoso Augusto. De naturaleza delicada, de temperamento nervioso, de corazon tierno, de sensibilidad exquisita; enemigo del fausto, del poder y del ruido que en Roma reinaba; amigo del retiro y de la soledad, como todos los genios contemplativos, en la Edad Media fuera Virgilio un monje consagrado á la adoracion mística de Dios dentro del claustro, y en la antigüedad fué un poeta consagrado á la adoracion purísima de la Naturaleza.
VIII.
Existen hoy dos clases de artistas igualmente detestables: unos, menospreciadores del Universo, cuyas armonías no oyen, cuyos colores y matices no ven, cuya admirable totalidad no comprenden, prefiriendo encerrarse en los abismos de su propia inteligencia, en la oscuridad de sus ideas y dar forma sólo á sus ensueños, como si la totalidad del sér estuviera en nosotros, y fuera de nosotros no hubiese hermosura alguna ni inspiracion posible; otros que copian servilmente la Naturaleza, que en sus obras la reproducen como en una fotografía, que á fuerza de repetirla concluyen por disecarla, destruyéndola en la servil miniatura de sus fragmentos, como aquel poeta citado por Richter, que consagró un poema épico entero al momento del parto y al arte dificilísimo de los comadrones y de las parteras. La poesía es un grado de la idea superior á la Naturaleza. El poeta debe recogerla como un ángel, trayendo á su seno los resplandores de otros mundos y animándola con el calor y á la luz de lo ideal. Así era Virgilio; reproducia la Naturaleza, embelleciéndola, y demostraba que en el sentimiento del poeta, como en la idea del filósofo, crece y se espiritualiza y se acerca la Naturaleza al Eterno.
La obra por excelencia de Virgilio, es el poema de las Geórgicas. Podriais bien exactamente calificarlo llamándole epopeya del trabajo en oposicion á esa epopeya de la guerra que preside y acompaña á toda la historia. El poeta canta, desde la semilla depositada en la tierra, imperceptible, confinando con el no sér y gérmen de nuevos seres, hasta la zumbadora abeja, hija de la luz, elaboradora de la miel, que confina con el mundo superior y cuasi divino de la inteligencia. La ley de la unidad en la variedad reina con imperio en todo el poema. Los seres se esparcen, se diversifican, se irradian por los espacios en várias individualidades que luégo se juntan y se armonizan en reinos, en géneros, en familias, en especies, hasta llegar á confundirse, como en su atmósfera, en el espíritu universal de la creacion. Así se corresponden, desde la cinta de la hierba parásita en los abismos de la tierra, hasta el cometa, esa cinta de materia cósmica perdida en los abismos del cielo. Los seres inertes toman el humano sentimiento y la idea humana, animándose á su vivificador soplo, como los cuerpos opacos y frios se iluminan y se calientan en la luz y en el calor del sol. El laurel conoce y desea la gloria; el ingerto presiente las flores y los frutos que ha de darle pronto la nueva savia recibida en sus fibras; la encina contempla orgullosa y vencedora á las generaciones de hombres y de dioses que arrebatan bajo sus eternas ramas los siglos; la primavera hincha con su amor desde la yema del arbusto hasta la linfa del arroyo; y el éter desciende en copiosas lluvias sobre el seno de su esposa la tierra, para fecundizar los gérmenes innumerables de la vida. ¡Oh religion de la Naturaleza! Virgilio no es aquel avaro cultivador de otros tiempos, que solamente ve en los campos la riqueza y pretende herirlos con su azadon y su arado para explotarlos cual abundosa mina; es el sacerdote que tiene un culto, el poeta que tiene un sentimiento, el sabio que tiene una idea y vierte todos estos elementos de vida en los prados, en los bosques, en los viñedos, en la siembra, como nueva y más fecunda lluvia.
¿Quién no te admirará, alma Naturaleza? Ya tengas la alegría del amanecer ó la tristeza del vespertino crepúsculo; va muestres la serenidad del lago terso como cristal ó el furor del Océano embravecido por el azote de la tormenta; ahora brames en el huracan ó cantes en el céfiro, ahora amontones opacas nubes ó pintes la rosácea boreal aurora; lo mismo entre los témpanos del polo semejantes á sepulcrales cordilleras y frios como la muerte que entre las selvas del trópico enardecidas por las llamas de la ardentísima vida; lo mismo en el insecto microscópico, frágil y fugaz como una aspiracion del no ser, al ser que en los eternos é inconmensurables soles de soles; desde las caliginosas sombras del abismo hasta la brillante fosforescencia de los mares y desde los infusorios hasta la Vía Láctea, así como encierras en sus primeras manifestaciones la vida, revelas en sus primeros resplandores la hermosura.
Repitámoslo mil veces; Virgilio será el eterno modelo de los poetas que deseen cantar la Naturaleza. El libro cuarto de las Geórgicas nunca se agota, oloroso como la salvia, tierno como la cera, dulce como la miel. La abeja, la trabajadora abeja, ha inspirado desde el primero al postrer hexámetro.
Aerii mellis cœlestia dona exequar.