Allí está el tiempo propicio y el lugar favorable á las abejas, preservado aquél de todos los rigores, así en frio como en calor, preservado éste y sus floridos pastos del diente de la oveja y de la ternerilla, del roce de los tachonados lagartos y de la pezuña de los importunos chivos, para que puedan á su arbitrio dejar la vibrante colmena é ir por los aires embalsamados y luminosos, bajo las sombras de las palmas y el olivo, junto al fugitivo arroyuelo, sobre la hierba abrillantada de rocío, desplegando el aguijon de oro y las cristalinas alas, á libar los jugos de las flores próvidamente apercibidas que deben ser desde el salvaje tomillo hasta la tierna y delicada violeta. Seguidlas y las veréis cómo aglutinan con resinosas sustancias las rústicas paredes de su taller; cómo, así que el aire se entibia y se perfuma, vuelan juntas en cantor enjambre á los rayos del sol y ya rozan las hojillas del arbusto, ya la clara superficie de las aguas; cómo vuelven, despues del goce de esta grata libertad y del juego de estos caprichosos giros, á abrir sus celdillas de blanca cera y depositar sus tesoros de dulce miel; cómo suben luégo, hasta perderse en los cielos, de la misma manera que sus compañeras las estrellas para agruparse más tarde sobre las ramas de frondoso árbol en forma de animados racimos; cómo, á veces, se enemistan y se combaten desafiándose á descomunal batalla en que luchan con la ira de los héroes homéricos, hasta caer muertas sobre la tierra cual caen las bellotas de la encina sacudidas por el viento para que se cumpla la ley allí presentida del triunfo de las más fuertes y de las más hermosas; cómo trabajan en comun todas para todas y educan á sus generaciones en sabio ejemplo y adoran sus penates y nos dejan su áureo líquido semejante á condensaciones de la eterna luz.
Despues de haberlo leido, amaréis, como Virgilio, los rosales de Pesthum que florecen dos veces al año; la pálida achicoria, que se regocija al beso de la lluvia; el narciso, lento en mostrar sus galas; el rizado apio, la viciosa hiedra, el mirto enamorado de las frescas riberas: envidiaréis al viejo labrador de Tarento que tiene por toda propiedad algunas yugadas de tierra, ingrata al trabajo, incapaz de dar así prados como viñas, y que, sin embargo, produce sabrosas legumbres entre festones de blancos lirios y rosadas verbenas para que su dueño no envidie á los reyes y pueda todas las noches, al tornar del trabajo, cenar manjares no comprados: bendeciréis á Júpiter que dotó á las abejas de sus más seguros instintos en premio de haber oido el címbalo de las Coribantes, y haberlo alimentado en los antros del monte Oriteo; y concluiréis siguiendo en su errante carrera por los bosques y en su descenso á las hondas regiones de las aguas al pastor Aristeo, y sacrificaréis con él en desagravio de Eurídice y de las nepeas ninfas, novillos jamas sujetos á la coyunda, de cuyos abandonados despojos se levantan á las alturas, despues de nueve auroras, nubes de canoros enjambres.
Namque dabunt veniam votis, irasque remittent.
IX.
¡Extraño destino! Este poeta, clásico por excelencia, pertenece á las edades modernas más todavía que á las antiguas edades. El anochecer de un mundo y el alborear de otro se mezclan misteriosamente en sus sienes iluminadas por dos crepúsculos. Tiene de los antiguos la forma perfecta, la sobriedad austera, el gusto depuradísimo, los versos tallados como el mármol de Páros, el arte de materializar las ideas hasta ponerlas ante los ojos en relieve y de eterizar la materia hasta convertirla en espíritu. Por estas cualidades universales de la antigua cultura es un griego como Sófocles ó como Platon. Pero hay en sus versos ya cierta melancolía profunda, cierta extraña tristeza, la nostalgia de lo infinito, la aspiracion á otro ideal, que anuncian como el advenimiento del espíritu divino y absoluto. Él se apresura á escribir su epopeya, la epopeya que cierra, como la Iliada abre, la risueña edad del heroismo. Él tiene impaciencia por asegurar en sus cánticos la religion del derecho y con ella el eterno dominio de Roma, presintiendo el nuevo ideal que contra el arte clásico elabora en los abrasados desiertos de Judea un eterno enemigo de Roma: el Oriente. Parecia que la ciudad reina estaba salvada de las asechanzas de la serpiente asiática cuando Cleopatra muere en el sepulcro de los Faraones y con ella se encierra bajo los arenales africanos aquella Asia que habia seducido un momento á Antonio para devorar en él á Roma, como ántes en Alejandro habia devorado á Grecia. Pero en el fondo mismo de la clara civilizacion clásica tenía de antiguo depositado la oscura esfinge oriental un enigma, los libros sibilinos; y cuando este enigma se descifra, surge de sus oscuros jeroglíficos el Dios-espíritu que matará al Dios-naturaleza, y con él matará así á la Roma de los pretores y de los césares como á la Grecia de los héroes y de los poetas.
Por eso en toda esta edad hay presentimiento universal de que algo muere en la especie humana. Lucano ha visto que los dioses adoptaron la causa aborrecida por Caton. Horacio y Juvenal han roto en sus sátiras la antigua ecuacion griega entre el ideal y la forma; han revelado el horrible contraste entre las leyes morales y la realidad viviente, anunciando así la agonía de todo un mundo á la historia. Job no hubiera dicho en su estercolero más que dice este verso desesperante:
Pulvis et umbra sumus.
Plutarco ha oido quejarse de muerte al dios Pan allá por los mares de Sicilia. Tácito sólo tiene corazon para aborrecer y lengua para maldecir á su tiempo. Los más alegres buscan á una en la orgía el sueño más largo, el sueño de la muerte. Luciano se rie; pero su risa epiléptica muestra que se han agotado las lágrimas. Los dioses todos se van; pero ¡ay! vienen los nazarenos. La desesperacion es universal en las artes. Y Virgilio se levanta
Sicut inter viburna cupressi,
como el poeta de la esperanza. En la bacante Parthénope, á las orillas de aquel mar y entre el coro de aquellas islas que recuerdan el mar y las islas de la antigua Grecia, ha visitado la gruta de Cúmas y ha oido anunciar á la Sibila que desciende de los cielos nueva raza de inmortales y comienza un nuevo órden y una nueva ley en el sosegado curso de los siglos.