»Miéntras tanto, con esos ataques pertinaces, con la absoluta libertad de palabra, con la franca recepcion de los peregrinos enviados por todas las reacciones conjuradas contra Italia, se ve, se toca, se palpa la absoluta libertad religiosa y moral de los pontífices. Y resulta que desde el dia de la pérdida de su poder político, léjos de disminuir, crece su autoridad espiritual. Esta conducta de Italia es amargamente criticada por las dos negaciones entre que rueda siempre toda afirmacion. Los unos quisieran que la política de este pueblo emancipado consistiese en esclavizarse de nuevo, reedificando el poder más contrario á su emancipacion; el poder temporal. Los otros quisieran que creáramos un Estado omnipotente contra la Iglesia, y la deshicieramos bajo las ruedas de ese Estado. El Parlamento italiano, cohibido por fuerzas mayores, no seguirá ni una ni otra política. No se echará á los piés del Pontífice, porque eso equivaldria al suicidio; no oprimirá al Pontífice, porque eso equivaldria á la demencia. Ni irémos á Canosa con cilicio y sayal, como los emperadores penitentes de la Edad Media; ni entrarémos á saco en la jurisdiccion religiosa, como los reyes filósofos del pasado siglo. La sumision al Pontífice riñe con el espíritu de esta edad, pero tambien riñe la tiranía sobre el Pontífice. No puede ejercer hoy sobre la Iglesia Víctor Manuel de Saboya la jurisdiccion que ejercia ayer Cárlos III de Borbon. Y miéntras tanto, el poder de los Papas va perdiendo carácter político y tomando carácter espiritual; el Pontificado va dejando de ser una institucion puramente italiana, para pasar á ser una institucion verdaderamente católica.
»El partido ultramontano de todo el mundo, que no comprende esto, se aferra á su política intransigente y se empeña en una reaccion por la cual podemos llegar, el dia ménos pensado, á la guerra europea. Y en su intransigencia le sorprenderá el suceso de los sucesos, la muerte de Pío IX, que, gracias á Dios, goza hoy de salud excelente. Y la muerte de Pío IX tendrá inmensa trascendencia. Por esa monotonía y uniformidad de la Historia, que mirada desde ciertas alturas parece una colmena donde se reproducen á la contínua los mismos trabajos y se obtienen los mismos productos, el problema está planteado, poco más ó ménos, como en la Edad Media; los gibelinos de Italia, los enemigos del poder temporal, se apoyan resueltamente en Alemania; y los güelfos de Italia, los amigos del poder temporal, resueltamente se apoyan en Francia. El asunto de las relaciones entre la Iglesia y el Estado va siendo todo el asunto europeo. Desde vuestra desastrosa guerra civil presente, hasta la futura guerra internacional, todo se enlaza con ese problema. Si en el dia de las grandes catástrofes los güelfos predominan; ¡ah! no sé qué podrá suceder á nuestras libertades y á nuestra nacionalidad; pero si predominan, como hoy, los gibelinos, por no haber querido la libertad, se encontrará la Iglesia con el predominio y quizá con la tiranía del Estado.»
Hasta aquí mis dos interlocutores. Yo, en mi calidad de historiador, ni quito ni pongo una palabra. Sólo se me ocurre decir que el estado de los ánimos y el progreso de las ideas anuncian que las soluciones definitivas de estos problemas serán soluciones favorables á la libertad.
UN DISCURSO.
DISCURSO pronunciado por D. Emilio Castelar el dia 12 de Mayo, en el banquete dado en su obsequio por diputados, escritores y estadistas liberales, en el Círculo progresista de Roma.
Señores: Permitidme que, profundamente conmovido, principie volviéndome como en espíritu hácia Occidente, y evocando la sombra, la imágen de mi patria. Santa madre de mi espíritu, hogar sagrado de mi corazon, templo de mi conciencia, el afecto inmenso que por ella siento crece con sus desgracias y toma en el extranjero la solemnidad y la grandeza de un culto. Vuestros elocuentísimos loores, vuestras ardientes invocaciones á la noble España, han penetrado hasta el corazon de este su hijo y lo han llenado de inextinguible agradecimiento. Si en el calor de las improvisaciones, si en la amistad fervorosa hácia mí, alguna palabra sobre desvío, ú olvido, ó ingratitud se ha deslizado, sólo me toca protestar contra esa palabra tan amistosamente como ha sido amistosa la insinuacion; pero tan enérgicamente como cumple á mi deber y á mi conciencia. España nada me debe á mí, yo todo cuanto soy se lo debo á ella, y la siento latir en mi corazon, y arder y brillar en mi mente, penetradas de su jugo mis venas, de su calor toda mi vida. Sobre los errores de los partidos y de los gobiernos, se levanta España inmaculada, como la humanidad sobre los errores de los individuos. España podrá proceder como quiera con sus hijos; pero sus hijos no dejarán jamas ni por un momento de adorarla, como la personificacion de todo cuanto han amado sobre la faz de la tierra.
Y ahora, ¿qué responder á tantas muestras de entusiasmo? Sentir grandes afectos, fácil cosa es en esta ocasion gratísima con sólo dejar abierto el corazon á la electricidad de vuestros sentimientos; pero decirlos en toda su verdad, difícil, muy difícil, porque así como á cada paso encontramos asuntos propios de la esfera de un arte, y á la esfera de otro arte imposibles, por los medios varios de la expresion artística, así ante el espectáculo de esta reunion brillantísima, ante este enjambre de ideas que se eleva á lo infinito, entre los acentos de vuestras espléndidas oraciones; ¡ah! no le queda recurso alguno á mi palabra, y pareceria lo más natural dejar la gratitud vagando á su arbitrio en la interna inmensidad de nuestro sér, mayor si cabe que la externa inmensidad del espacio, y ántes que verterla en formas indignas de su grandeza, aumentarla con el misterio y la solemnidad de un religioso silencio.
Mas siendo deber de cortesía, de afecto recíproco, de agradecimiento, hablar en la ocasion ménos favorable, cuando la voz se anuda en la garganta, considerad cuanto por mí pasará al verme, oscurísimo resto de un reciente naufragio, enmedio de vosotros, ayer esclavos y hoy libres, ayer víctimas de los tiranos y hoy representantes del pueblo, ayer en la soledad del destierro y hoy en el regazo de la patria, legisladores de esta Italia, que parecia descoyuntada para siempre en el potro de sus tormentos de quince siglos; que parecia enterrada para siempre, como los huesos de sus primeros padres los romanos, bajo la pesadumbre abrumadora de sus recuerdos y de sus ruinas, y que ha resucitado en trasfiguracion superior á las sublimes trasfiguraciones trazadas por sus pintores, enseñando una enseñanza consoladora: como ántes puede perderse en este nuestro planeta el calor central que el calor de la libertad, y ántes extinguirse en lo infinito la luz de los astros, que en los corazones de los desdichados y de los oprimidos la esperanza en una saludable y definitiva redencion. (Ruidosos aplausos.)