—Soy Uri-Utanate.
—¡Un pillo!—gritó el Capitán exasperado.
—¡Calla, hombre blanco!
—¡No tengo miedo a los tuyos!
—Más tarde me lo dirás.
—Mira, viejo negro, que tengo en la selva compañeros libres, y si nos tocas a mí o a los míos, quemarán tu aldea.
—¡Oh, bandido!
El Capitán, furibundo, se había levantado amenazando con los puños al jefe, cuando de pronto oyó dos disparos de fusil, seguidos de gran gritería.
—¡Dos disparos!—exclamó Hans—. ¡Sin duda son Cornelio y Van-Horn!...